El año 2015 cerró con un cambio de ciclo político que ha generado grandes expectativas sobre el futuro económico del país. El nuevo gobierno enfrenta una larga lista de desafíos. Los más inmediatos son recuperar la confianza de los inversores internacionales, para facilitar el acceso a los mercados de crédito internacional y reactivar la economía. Contener la inflación y reconstruir las reservas del Banco Central.
Cabe destacar que una de las primeras medidas implementadas fue la finalización de las restricciones de acceso al mercado cambiario, que en el pasado supuso una de las principales trabas para desarrollo del sector inmobiliario y dificultaba a las empresas extranjeras instaladas en el país girar dividendos a sus países de origen.
A pesar de la falta de estadísticas oficiales, las consultoras privadas son cautelosamente optimistas, augurando una leve mejora de la economía a partir del segundo semestre del año, aunque es muy pronto para adelantar cifras.

A corto plazo se presenta un escenario con escasa disponibilidad de superficie clase A, muy fraccionada en distintos edificios, lo que podría dificultar la búsqueda de grandes espacios dentro de una misma propiedad.
Este escenario se agrava si consideramos que actualmente la mayor parte de los edificios en construcción se encuentran demorados a la espera de mayores certezas en el plano económico, mientras que la mayoría de los proyectos de oficinas se encuentran poco desarrollados. Además, el 44% de la superficie en construcción es no especulativa, es decir que será ocupada por los dueños del edificio, reduciendo aún más la oferta futura de espacios de oficinas.
Sin embargo, se prevé que con el reciente cambio de rumbo político y la finalización de las restricciones de acceso al mercado cambiario, los desarrolladores se muestren más proactivos frente a un panorama económico con mayor previsibilidad.